Una historia terriblemente gastronómica

Durante un año intenté viajar a Francia y, entre embajadas, papeles, permisos de trabajo, etc., estuve a punto de dejar atrás ese sueño. Un buen día, me llamaron para una entrevista: ¡era un Catering Service! ¡C-Gastronomie! En dos días había solucionado mis permisos y preparaba mi viaje. Llena de inquietudes y emociones: ¡me fui!

Entré a un sistema educativo excelente en Francia llamado “educación en alternancia”, en éste se estudia un día a la semana y se trabaja el resto de la semana. El gobierno francés pagaba mis estudios, mi jefe me pagaba un salario y yo al final obtenía un título certificado de calificación profesional en cocina Francesa: “Cuisine de Terroirs” (algo así como cocina del terruño).

Comencé en ese inmenso catering y estuve ahí durante dos meses. ¿Adivinen qué? Eran chefs franceses… y como tal, le hicieron honor a su estereotipo… Aunque aprendí muchísimo, el mal trato a los empleados no iba con esta tica, así que decidí continuar por otros rumbos. Obtuve otro trabajo en un restaurante en el Barrio “boho” (bohemio) de Lyon en la Croix Rousse. Saveurs Partagés, era definitivamente como su nombre lo dice un lugar de sabores compartidos. Ahí me sumergí en sabores de mercado, de productos de todas partes del mundo y otros que jamás había visto…en sabores frescos y de calidad. Ahí disfruté de la cocina por año y medio.

En la cocina éramos dos, el chef francés –quien también le hacía honor a su estereotipo- y yo. Fue difícil porque debía adaptarme al “trato francés”, y a los horarios extensos, esos que los cocineros(as) podemos aguantar. Me aprendí a defender, a estar sola, a tener paciencia y a aceptar las diferencias de cultura.  ¡Pero logré que mi jefe me confiara su restaurante como chef para atender 50 cubiertos! después de todo ¡Creyó en mí!

Esa experiencia en la cocina tuvo etapas pasivas, otras llenas de adrenalina, unas de miedo, otras llenas de expectativa, con curiosidades, con risas, con soledad, y, pues ahora la recuerdo con mucho amor. Recuerdo el piano tocando una exquisita música, el jazz de los miércoles y las exposiciones de artistas maravillosos. Una mezcla de artes que definitivamente embelesaba los sentidos.

En Europa, todo viaje era una oportunidad, me alimentaba de su cultura y guardaba sus secretos. Amé los mercados, los productos artesanales y exquisitos, las historias de tantos agricultores apasionados de la buena cocina, increíble. Espero que ustedes sepan de que hablo y los que no saben, espero que visiten pronto virtual o físicamente cualquier lugar del mundo que los pueda hacer sentir esa experiencia terriblemente gastronómica.

Por ahora, a planear la próxima.

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